Usas un servicio de email marketing. Un CRM en la nube. Un proveedor de pagos. Una herramienta de analytics. Cada uno de estos servicios tiene acceso a parte de tus datos. Y cada uno de ellos es una potencial puerta de entrada para los atacantes.
No es paranoia. Según el Informe de Investigaciones de Brechas de Datos de Verizon, el 62% de todas las brechas de datos ocurren a través de proveedores terceros. Y según ENISA (la Agencia Europea de Ciberseguridad), el riesgo de terceros es la tendencia número uno en amenazas para 2030.
El problema: confiamos demasiado
Cuando contratas un servicio, asumes que es seguro. Al fin y al cabo, son profesionales, ¿no? Pero la realidad es que:
Un análisis del Instituto Cyentia reveló que la empresa promedio tiene alrededor de 10 relaciones con terceros, y casi todas (98%) tienen al menos un socio externo que ha sufrido una brecha de seguridad.
Casos recientes que deberían preocuparte
En 2025 hemos visto varios incidentes graves:
WestJet confirmó que datos personales de pasajeros fueron expuestos en un ataque a un proveedor externo. No fue su sistema el que falló, sino el de un tercero con acceso a su información.
Qantas reveló que hasta 6 millones de clientes podrían haberse visto afectados tras el hackeo a un proveedor de atención al cliente.
¿El patrón común? Las empresas tenían sus propios sistemas bien protegidos, pero la cadena de suministro digital era el eslabón débil.
Qué son los backdoors y por qué deberían preocuparte
Un backdoor (puerta trasera) es un acceso oculto a un sistema que permite entrar sin pasar por los controles normales de seguridad. Pueden existir por varios motivos:
Backdoors legítimos: A veces se crean durante el desarrollo para facilitar el mantenimiento o la depuración. El problema es cuando no se eliminan después.
Backdoors maliciosos: Instalados por atacantes que ya han comprometido un sistema, para poder volver a entrar cuando quieran.
Backdoors de terceros: Cuando un proveedor tiene acceso permanente a tu sistema "por si necesitas soporte", ese acceso también puede ser explotado por atacantes que comprometan al proveedor.
Lo más preocupante es que los backdoors están diseñados para ser discretos. Pueden permanecer ocultos durante años mientras los atacantes acceden a tus sistemas sin que te enteres.
Las nuevas regulaciones: NIS2 y DORA
Europa se ha tomado en serio este problema. Dos regulaciones importantes obligan a las empresas a gestionar el riesgo de terceros:
NIS2 requiere que las empresas:
DORA (para el sector financiero) va aún más lejos, exigiendo cláusulas contractuales estandarizadas y auditorías regulares de proveedores.
Si trabajas con empresas europeas o tienes clientes en Europa, estas regulaciones te afectan directa o indirectamente.
Cómo protegerte: medidas prácticas
1. Haz un inventario de tus proveedores
¿Sabes realmente cuántos servicios externos tienen acceso a tus datos? Haz una lista completa. Te sorprenderá lo larga que es.
2. Evalúa el riesgo de cada uno
No todos los proveedores son iguales. El que procesa tus pagos tiene acceso a datos más sensibles que el que te envía newsletters. Prioriza la evaluación de los más críticos.
3. Limita el acceso al mínimo necesario
¿Ese plugin necesita realmente acceso a todos tus datos de clientes? ¿O le bastaría con menos información? Aplica el principio de mínimo privilegio: solo el acceso estrictamente necesario.
4. Incluye cláusulas de seguridad en los contratos
Antes de firmar, asegúrate de que el contrato incluye:
5. No dependas de un solo proveedor
Si tu negocio depende completamente de un servicio externo y ese servicio cae, ¿qué haces? Ten alternativas o planes de contingencia para los servicios críticos.
6. Monitoriza y revisa periódicamente
La seguridad no es un estado, es un proceso. Revisa regularmente qué accesos tienen tus proveedores, si siguen siendo necesarios y si el proveedor mantiene buenas prácticas de seguridad.
Conclusión
Cada servicio externo que usas es una extensión de tu superficie de ataque. No significa que debas dejar de usarlos, sería poco práctico. Pero sí significa que debes ser consciente del riesgo y gestionarlo activamente.
La confianza está bien, pero la verificación es mejor. Antes de dar acceso a tus datos a un tercero, pregúntate: ¿qué pasa si les hackean? ¿Estoy preparado para esa situación?
La respuesta a esa pregunta debería guiar cómo seleccionas, contratas y supervisas a tus proveedores. Porque al final, la seguridad de tu negocio es tan fuerte como el eslabón más débil de tu cadena de suministro digital.